El cierre de las cuentas grauitas de la red social Ning ha alborotado bastante las iniciativas de muchxs activistas y ONG.
Todo esto nos lleva a reflexionar sobre los riesgos de las herramientas gratuitas.
¿Qué entidad no quiere herramientas gratuitas? Su poder de atracción es abrumador. Ahorrar recursos en tecnología para destinarlos a otros proyectos es fantástico, ¿no? Sí, por supuesto, pero hay que ser consciente de las posibles contrapartidas. Traduzco un párrafo del artículo Betting the farm, del blog de Michelle Murrain, que lo explica perfectamente.
No hay nada malo con el software o los servicios que no cuestan nada. Nada en absoluto. Pero si pensáis jugarlo todo a esta carta, aseguraos de conocer cuáles son los riesgos. ¿Es un servicio gratuito porque la compañía que hay detrás es una máquina de hacer ingresos por publicidad y súper rentable (Google)? ¿Es gratuito porque es de código abierto (Drupal, Elgg, Word Press)? ¿Es gratuito porque es una empresa rentable que tiene un programa de donaciones bien definido (Salesforce.com)? ¿O es gratuito porque es una empresa que todavía está buscando un modelo de negocio que funcione (Ning)?
Una primera conclusión rápida es que aunque suponga un esfuerzo inicial superior, una aplicación libre autoalojada siempre será una garantía de conservación de los datos propios.


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