¿Crees que la soberanía digital es sólo para friquis? Nadie duda de la importancia de la soberanía alimentaria y cada vez menos gente duda de la importancia de la soberanía energética. Sin embargo, de lo que se habla menos es de la soberanía digital. Y eso que, como comentaba Sergio tiempo atrás, “se plantean exactamente las mismas dudas”. Hace ya unos meses hablamos del tema y me atreví a dar dos consejos para empezar el camino hacia la soberanía digital:

  • Rechazar herramientas que no nos permitan importar y exportar nuestros datos.
  • Mantener una copia de seguridad de los datos importantes que tenemos en sitios de terceros.

Cada vez hay más cosas que se pueden hacer con sólo un navegador. Con sólo abrir una cuenta aquí, o allá, puedes tener acceso gratuito a un montón de servicios: álbum de fotos, gestión y almacén de documentos, gestión del correo electrónico, blog, agenda, encuestas y un muy, muy largo etcétera.

Antes, casi todas esas cosas teníamos que hacerlas en nuestros ordenadores y llevaba un montón de trabajo. Ahora, da la sensación de que todo es super sencillo, de que la información y los servicios estén flotando en algún sitio.

Por eso lo llamamos “la nube”, o “the cloud” en inglés, válgame la pedantería gringa para presentar un palabrejo que usamos mucho las friquis de la informática para hablar de este tema: “cloud computing”. Así mismo lo usamos, en inglés, porque así nos da la impresión de que sabemos más. ¿A que mola el cloud computing? Pues sí, mola, pero tiene su aquel.

“El Cloud Computing es una amenaza a nuestra libertad” – dice Richard Stallman en una entrevista que todo el mundo interesado en la soberanía digital debería leer.

Piensa, sólo por un segundo, que Google y Hotmail -por poner dos ejemplos- tienen acceso a todos y cada uno de los correos electrónicos de quienes abrieron con ellos su cuenta, ¡incluídas muchas políticas y activistas! Y no sólo es de ellos de quienes debemos tener miedo. Cada vez que ponemos un dato en la nube, aunque sea en una zona privada de la que sólo nosotras tengamos la clave, ¡le estamos dando acceso a alguien más! Y, por si fuese poco, en la mayor parte de los casos, a alguien que no conocemos. No en vano, Julian Assange, la cabeza visible de Wikileaks, considera que Facebook es una “horrorosa herramienta para el espionaje“.

Últimamente está de moda como modelo de negocio ofrecer un servicio gratuito online y, cuando se llega a un público razonablemente grande, pasar a un servicio de pago recortando -cuando no eliminando- las prestaciones que antes se ofrecían gratis. Lo gratis puede salir caro. Algunos ejemplos: para cualquier usuario acostumbrado al servicio, Spotify pasa a ser de pago, Last.fm pasa a ser de pago en sus versiones móviles, Zattoo pasa a ser de pago, o Ning pasa a ser de pago. Y así hasta el infinito y más allá. Es, sin duda, algo a tener en cuenta cada vez que abrimos una cuenta.

Otra cosa que puede pasar y que, de hecho, pasa, es que las empresas quiebran. Más de una megaempresa ha hecho desaparecer de la red cantidades ingentes de información de gente que la había depositado en sus servidores sólo porque era fácil y gratis. ¿Puedo poner algún ejemplo mejor que el de la gran pérdida de Geocities?

Venga, va, aceptamos barco. Eso de la soberanía digital puede tener sentido, ¡y más aún cuando se trata de activismo! Pero, ¿qué podemos hacer? El post de hoy no es más que una intro que se me fue de las manos. Era la intro de un post cuyos contenidos intentaré ir publicando a pedacitos y que trata de ofrecer alternativas chulas a herramientas las herramientas de siempre y especialmente a las de Dios todopoderoso Google. ¡Cualquier idea y sugerencia es bienvenida! En la próxima entrega: alternativas a Google Docs.