Estos días, ha llegado a los medios la noticia de que un periodista italiano suplantó en Twitter a cinco ministros de Rajoy. Entre otros, creó un supuesto “perfil oficial” de Luis de Guindos, ministrio de Economía y competitividad.

Perfil fraudulento de Luis de Guindos
Desde el perfil fraudulento (@deguindosluis), Debenedetti, en adelante “el periodista graciosete”, lanzó mensajes con la intención de confundir a gente incauta para poner en evidencia la seguridad de las redes sociales. Según sus propias palabras:
“Lo hago como un juego, para que la gente comprenda que las redes sociales son propicias al engaño y a la comunicación fraudulenta. Es importante demostrar que las personalidades son fáciles de suplantar.”
De hecho, algunos medios, como Intereconomía, se lo tragaron y llegaron a reproducir la noticia dándola por buena. A estas alturas han corregido el error. Eso sí, lo han corregido por el método de “mirar hacia otro lado y silbar para ver si hay suerte y nadie se da cuenta”. En otras palabras, eliminaron el post pero no hicieron fe de erratas alguna.
La técnica no es nueva. La Wikipedia, por ejemplo, es conocida por su capacidad para corregir errores. Algunos graciosetes, experimentando, se dedicaban a modificar artículos introduciendo datos erróneos para ver si eran corregidos y en cuánto tiempo. Tanto es así, que Wikipedia ha llegado a incluir una petición expresa a no hacerlo en sus páginas de bienvenida:
“Por favor no intentes poner información falsa en Wikipedia para probar nuestra habilidad para detectarla y eliminarla. [...] Si estás interesado en probar lo precisa que es Wikipedia, un método más constructivo de probarlo es intentar encontrar aseveraciones que existen en la enciclopedia y tratar de revisar cuánto tiempo han estado ahí, y de ser posible, corregirlas.”
En mi humilde opinión, lo que buscaba el periodista graciosete no era tanto mostrar la inseguridad de las redes sociales, como ganar algo de notoriedad. Después de todo, sólo se le conoce por esta hazaña. Que sepamos, no ha hecho aún ninguna otra contribución significativa al mundo.
Imagina, por un momento, que un químico graciosete se da cuenta de lo sencillo que es contaminar las aguas del Canal Isabel II con un producto altamente tóxico y provocar así, un genocidio. Hacerlo sería fácil, sí, y serviría para hacer ver a la gente cuán fácil es. Pero, ¿de verdad está justificada una práctica poco ética por el hecho de que así se visibiliza que es fácil hacerlo? ¡Un poquito de por favor!






