Leo este fragmento de una entrevista a Toscani en Inicios:
No se llega al arte a través de la tecnología, sino al contrario. Es una cuestión de secuencia. No se trata de que la tecnología, de repente, transforme al artista, sino de que éste presente sus visiones, sus sueños, a través de diferentes tecnologías. Mi trabajo de fotógrafo, por ejemplo, ahora es electrónico y eso no cambia nada.
Pero sí hay un gran problema de secuencia. ¿De qué se alimenta la tecnología? Creo que deberíamos hacer una Campus Party donde no se enseñe tecnología, sino la emotividad, la capacidad de sorprender y emocionar. No debe entenderse esto como una crítica, sino como un problema. Es como si en un carromato el carro fuese por delante de los caballos y eso le impidiese avanzar.
Quizá parezca no tener mucho que ver en un principio con lo que hablamos aquí. Él se refiere al arte + tecnología, nosotras al activismo + tecnología. Pero sí la tiene. Totalmente. Y nosotras le damos vueltas cada día.
A menudo caemos en el error de hablar sólo de blogs, RSS y aparatos sofisticados. Pero son una herramienta. Muy poderosa, sí. Pero lo primero es emocionar, tocar, cambiar el chip comunicativo, irritarse, indignarse, denunciar.
No hacemos tecnología, amigas. No sólo. Queremos reflexionar, colaborar y transformar… usando la tecnología y más cosas.



1 comentario hasta ahora
Síiii, siempre que se habla de tecnología debería salir esta reflexión. En el sentir-pensar-hacer, la tecnología sólo es una herramienta más, que ayuda sobre todo a la última parte. Pero da un poco de miedo cuando se ve como el carro va antes de los caballos, porque se corre el riesgo de que la tecnología se convierta en un fin y se le despoje de toda su humanidad (lejos de lo que comentaba Schumacher cuando hablaba de “tecnología con rostro humano” y que los compis de ISF siguen trabajando ahora con su concepto de “tecnología para el desarrollo humano”).
¡Añade tu comentario!