Si realizas una búsqueda en internet del término “posverdad” , comprobarás que el buscador arroja resultados en los que las palabras más repetidas son : Trump, Facebook, brexit, palabra del año y redes sociales. También te darás cuenta que hay una gran cantidad de artículos con fecha de la última semana de noviembre de 2016, la del triunfo electoral de Donald Trum en las elecciones estadounidenses. Si bien el concepto “posverdad” no es nuevo, en los últimos meses es una palabra sobada hasta la extenuación. Pero lo que más me ha llamado la atención del fenómeno, es la oportunidad que desde algunas tribunas han considerado que existía para atacar el fenómeno de las plataformas de redes sociales de internet, fundamentalmente, facebook y twitter. Antes que nada, veamos cómo se define el término en wikipedia:

Posverdad  es un neologismo que describe la situación en la cual, a la hora de crear y modelar opinión pública, los hechos objetivos tienen menos influencia que las apelaciones a las emociones y a las creencias personales (sigue leyendo)

Desde el artículo “Cómo combatir la posverdad” que publica El País el 27 de noviembre de 2016 hasta “La democracia con internet, en 2016, fue una democracia peor” publicado hace unos días en Agenda Pública, se pone el acento en la responsabilidad que las redes sociales tienen en la difusión de rumores, bulos y mentiras, como si fuese una cualidad intrínseca de estas plataformas que por fin ahora se ve definitivamente probada , tras la presunta gran influencia que han tenido  en las victorias de Trump y el Brexit. Por ello, es importante realizar algunas puntualizaciones:

  • El concepto posverdad no es un fenómeno que se da únicamente en redes sociales. Todos los días vemos en medios de comunicación tradicionales (prensa escrita, televisión, radio…) ejemplos de noticias que manipulan y apelan a las emociones dejando de lados los criterios básicos de objetividad, verificación de fuentes, etc…El los libros “Desinformación, cómo los medios ocultan el mundo” de Pascual Serrano o “Cómo nos venden la moto” de Noam Chomsky e Ignacio Ramonet podemos encontrar cientos de casos.
  • En algunos artículos se reduce el concepto de participación y tecnopolítica en redes sociales al slackactivismo o activismo de sofá, obviando las múltiples conexiones que existen entre lo offline y lo online. La utilización de herramientas de internet y redes sociales para conectar movimientos sociales y luchas, crear espacios de colaboración y visibilizar causas es enorme y va más allá de la superficial narrativa que muchos medios de comunicación realizan sobre los “trending topic” del momento o los vídeos más inverosímiles, curiosos y graciosos de youtube.
  • No podemos olvidar que estas redes sociales son principalmente herramientas y que por supuesto, si en muchos casos existe una utilización superficial y hedonista de las mismas, en otros muchos se usan para reivindicar, denunciar, realizar activismo político o comunicar causas muy loables. ¡Ojo! Tampoco defenderé la neutralidad de las mismas. No podemos obviar temas que giran en torno a grandes empresas como Facebook, Google o Twitter y que requieren un análisis muy pormenorizado como pueden ser la seguridad, la utilización de los datos o el efecto “filtro de burbuja” del que hace muy poco ya trataba en otro post, entre otros muchos.
  • Temas como educación, alfabetización digital y estrategia en el uso de las redes sociales o conocimientos básicos de discriminación de información veraz frente a noticas falsas cobran una mayor relevancia en estos momentos, sobre todo en una era de sobreexposición mediática en la que es cierto que pueden predominar comportamientos de aceptar con mayor facilidad cierto tipo de noticias que coinciden con nuestros sentimientos o creencias más que las que se basan en una gran cantidad de datos o en la credibilidad de sus fuentes.
  • Destacar también la responsabilidad que tenemos las personas que realizamos comunicación social a la hora de difundir contenidos sin contrastar; una responsabilidad que deberíamos también ampliar a cualquier persona que utiliza las redes sociales, pero como no, también a todas las personas que realizan comunicación desde cualquier tribuna mediática. Cualquier contenido que nos llegue debería ser sujeto a un mínimo análisis antes de volver a ser difundido de forma masiva.

Pancarta exigiendo certificado de nacimiento a Obama, Springfield, Missouri, on November 1, 2008

Y después de estas apreciaciones, también tengo algunas dudas que compartir:
¿Se trata de una buena noticia que Facebook y Google tomen medidas para evitar las noticias falsas en la red? A priori puede resultar tranquilizador , pero tengo mis dudas que la presunción de la veracidad de una noticia deba depender de un algoritmo diseñado para este objetivo. Habrá que esperar en todo caso para ver cómo se ejecutan medidas como la de los acuerdos con algunos portales de periodismo de investigación para la verificación de noticias.
– ¿Es internet la impulsora definitiva de la posverdad o el último espacio en la que se está practicando porque ahí se encuentran las audiencias que huyeron de los mass media por este mismo motivo?
– ¿Supone la posverdad la última oportunidad de los mass media para desacreditar unas herramientas que les han hecho perder muchísimos beneficios y les han sumido en una crisis sin precedentes?
– ¿No es la crítica al uso de las redes sociales una nueva forma de posverdad que se utiliza para desacreditar a las mismas?

Es cierto que tenemos una responsabilidad y debemos luchar contra la imposición de la posverdad como elemento de manipulación, pero independientemente del canal en el que tenga lugar.

Algunos artículos interesantes para encontrar otros puntos de vista sobre el tema:

7 apuntes sobre la posverdad en redes sociales
El periodismo posverdad
La democracia con internet, en 2016, fue una democracia peor
Cómo combatir la posverdad
Facebook estudia una estrategia contra las noticias falsas en Alemania

 

 

Un pensamiento en “La posverdad como herramienta para desacreditar solamente las redes sociales

  • 16/01/2017 a las 9:52 am
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    Buen artículo, Felipe. Aunque todo es tan básico, evidente y reiterativo que hasta da pereza tener que aclarar ciertas cosas una vez más. De ahí que tenga más mérito que lo hayas hecho. 😉

    Las informaciones desequilibradas, tergiversadas o directamente falsas existen desde que alguien habla y otro escucha y, por supuesto, desde que existen medios de comunicación masivos. Y en el caso de estos medios no había manera de ponerlas en evidencia que no fuera desde otro medio similar, que normalmente no era seguido por las personas intoxicadas por el primero. En las redes, por lo menos, es posible la denuncia, el debate, el contraste, la aportación de fuentes contradictorias, etc.

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